domingo, 7 de abril de 2013

2do de secundaria

ORGANIZACIÓN  ECONOMICA  INCA


1.  EL parentesco, base de la economía
La economía del Tahuantinsuyo no funcionó con mo­nedas ni comercio. Entonces, ¿cómo funcionó la economía incaica? El parentesco fue la base de la economía, dado que el ayllu fue el mayor proveedor de fuerza de trabajo, hacia la producción de alimento, ropa y bebida, así como la construcción de caminos, ciudades, depósitos, etc.  La energía humana conseguida a través del parentesco permitió al Inca multiplicar sus bienes y distribuirlos convenientemente.
Toda persona tenía el deber de ayudar a sus pa­rientes de su ayllu, y el derecho de exigir de ellos ayuda en caso ne­cesario. Esto generaba compromisos de solidaridad.  Un ayllu numeroso disponía de más personas que pudieran trabajar en beneficio del pariente. En términos andinos, una persona rica era aquella que tenía muchos parientes y, en consecuencia, podía disponer de gran ayuda. Por el contrario, era pobre aquel que no tenía parientes.
2.  Reciprocidad y redistribución
La reciprocidad es una tradición andina muy anterior al Tahuantinsuyo, que consistió en la prestación y recep­ción de servicios entre personas unidas por lazos de parentesco.  Con la reciprocidad, se producían y distribuían, con la ayuda de todos, los bienes necesarios para el ayllu.  Mientras durase el trabajo, el beneficiado debía alimentar a sus ayudantes.  En el caso del Inca, éste les daba comida, el vestido y las herramientas necesarias.
El Inca creó lazos de parentesco y, por lo tanto, de reciprocidad con los curacas. Se casó con las hijas o hermanas de éstos, o casó a sus propias hermanas o parientes con los curacas. Estas "alianzas" le permitieron acceder a la mano de obra de diversos grupos, los que podían realizar obras de infraestructura o generar excedentes de comida, ropa y cerámica.  Estos excedentes serían entregados como "regalos" a los grupos vinculados al Inca, cumpliendo así con el segundo principio de la economía incaica: la redistri­bución. Este mecanismo le aseguraba a la población la ayuda y protección de las autoridades y del Inca en momentos de necesidad.  Si el necesitaba mano de obra; debía invitar a los Curacas y agasajarlos con fiestas, comidas y regalos que podían durar varios días.  Sólo después de esto, el Inca rogaba la colaboración de los Curacas y sus ayllus.  



3.  El trabajo en el Tahuantinsuyo
Según los criterios de reciprocidad y redistribución, existieron tres formas de trabajo inca:
  • La mita era el trabajo realizado por turnos, por un tiempo corto, y servía para practicar una tarea especí­fica, como sembrar, pescar, criar ganado, extraer metales, etc.  Algunas veces se trabajaba cer­ca del pueblo de origen, pero en otras ocasiones el grupo podía ser trasladado a lugares lejanos.
  • La minka era la tarea era realizada por todos los miembros de la familia o ayllu en beneficio de la comunidad; por ejemplo, construir un depósito, un puente, etc.
  • El ayni fue la forma de trabajo en que una persona solicitaba, mediante la reciprocidad, la colaboración de sus parientes.

4.  LA TIERRA
La Tierra valía por su fertilidad y por la mano de obra necesaria para hacerla producir.  Existieron cuatro formas de utilizar las tierras:
  • Tierras del Estado. Estaban dispersas por todo el territorio. Eran trabajadas a tra­vés de la mita y su producción iba a los depósitos.
  • Tierras del Inca. Destinadas al Inca y su familia, se situaron alrededor del Cusco. Fueron trabajadas a tra­vés de la mita y los sirvientes (yanas).
  • Tierras de las huacas. Estuvieron por todo el Tahuantinsuyo. De ellas se obtenían los productos pa­ra alimentar a los asistentes a fiestas y ritos especiales.
  • Tierras del ayllu. No sólo incluyeron las tierras, sino también pastos y fuentes de agua. Cada perso­na tenía un pedazo de tierra “topo” a su cargo.  El topo era como una unidad de tierra que permitía el abastecimiento de un varón adul­to. Éste, cuando se casaba, recibía, junto con la espo­sa, medio topo más. La extensión de los topos variaba según la calidad y productividad de la tierra.



5.  lA AGRICULTURA
Esta actividad fue la base de su economía, y de ella obtuvo su sustento. Duran­te el Tahuantinsuyo, la agricultura se intensificó gra­cias al aprovechamiento de la tecnología inventada años atrás, que fue mejorada y aplicada de forma ge­neralizada en todo el territorio.
El sistema de control de los pisos ecológicos se practicó para explotar un máximo de productos agrícolas.  Así, grupos de familia pertenecientes a un ayllu eran enviados a sembrar y cosechar vegetales típicos de cada piso altitudinal.
Los cultivos más importantes fueron: La papa fue la base de la alimentación andina, aprendieron a deshidratarla para conservarla por más tiempo y así almacenarla en depósitos especiales.
El maíz, al igual que la coca, fue considerado una plan­ta sagrada, usada para "alimentar" a los dioses y a las momias de los Incas, y como ofrendas para las huacas y los muertos.  La importancia de estos cultivos como productos ceremoniales fue registrada por los cronistas, quienes narran múltiples rituales y ceremonias vincula­das a la siembra y la cosecha del maíz y la coca.  La coca funciona como estimulante si se mastican sus hojas.  En la Sierra es común el “chacchar” la coca para resistir la fatiga del trabajo agrícola y vencer el hambre.
6.  lA GANADERÍA
Los auquénidos como la llama, la alpaca, la vicuña y el guanaco desempeñaron un rol muy importante en la alimentación de nuestros antepasados. De igual manera, la lana de estos animales fue la materia prima más valorada en la confección de prendas de vestir.
 La llama fue aprovechada al máximo. Su carne se comía fresca o deshidratada (charqui), y su lana se usó en la confección de tejidos burdos con los que se vestía la gente común. De su piel seca o cuero se fabricó calzado y cuerdas, y su excremento seco era un buen combustible y fertilizante. Además, la llama fue el animal de carga por excelencia.  La alpaca fue domesticada.  La vicuña y el guanaco permanecieron en estado silvestre; pero éste último fue cazado por su carne. 
Algunos cronistas cuentan que en ocasiones especia­les, el Inca y cientos de personas más se reunían para "cazar" vicuñas. Esta caza colectiva era llamada cha­co: se rodeaba a las manadas de vicuñas y se las con­ducía hacia unas estructuras donde eran encerradas. Allí, aprovechaban su inmovilidad para trasquilarlas sin hacerles daño ni extinguir la especie.
Los hatos de camélidos estuvieron al alcance de todos los sectores de la población. Así, cada ayllu tenía sus pastos para alimentar el ganado de sus miembros y cada familia podía tener cientos de animales. Del mismo modo, cada curaca podía tener sus propios animales. El Inca tenía sus pastos especiales llamados "moya", y su ganado era cuidado por los mitimaes. Las huacas también poseían ganado, pues los animales no sólo servían de alimento, sino también eran utiliza­dos como ofrendas en rituales y sacrificios.
Los auquénidos no sólo fueron necesarios para el alimento, vestido u ofrendas valiosas a los dioses y huacas; sino que también se les empleo para ver el futuro  y predecir acontecimientos importantes; la cual consistía en una ceremonia en la que el sacerdote extraía el corazón palpitante del auquénido para leer en él las predicciones.  Cada acto notable del Inca era antecedido por éste ritual.


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